- Kilómetros recorridos: a pie: 2, en autocar: 400
Viaje en bus, buen momento para coger fuerzas y dormir de cara a los 200 y pico kilómetros que nos esperan, y que empiezan cuando, a nuestra llegada a Ponferrada, una amable (ejem) dependienta nos descubre dos cosas:
- Cosa 1: la estación de autobuses está justamente en la otra punta de la ciudad, lo que supone cruzarla de punta a punta. Son 2 kilómetros, con el calor propio de las 2 y media de la tarde; y la incertidumbre de no saber si tendremos sitio en el albergue.
- Cosa 2: los responsables de Turismo de Ponferrada son tan amables, que nos querían cobrar 1 euro por un mapa urbano. Por suerte, se nos permite echar una ojeada al mapa del expositor, ¡gratis!.
Llegamos al albergue, y conseguimos sitio, y nuestros primeros sellos. Primeras excursiones al Mercadona para los víveres, y Jose y Pablo “filosofan” de vez en cuando. Contamos con Bea como anfitriona, y con ella vemos el castillo templario (no habríamos sido capaces de enterarnos por dónde ir sin ella… ni ella sin nosotros, jejeje). Por insistencia del que suscribe, vemos el Museo de la Radio, dedicado principalmente a Luis del Olmo (y a su ego, ups). Es día 16 (día del Carmen), y la romería de la Virgen del Carmen termina justamente en el albergue, así que todos los peregrinos asisten a la grandiosa homilía “hipercondensada” del cura (2 minutos 35 segundos, que se lo apunten por Madrid).
A las 10 en la cama, donde conocemos a uno de los personajes entrañables que nos va a acompañar a lo largo del Camino: Raúl el cubano, que nos obsequia con un chiste de Jaimito, y con un:
¡Que viva Fidel! ¡Pero que viva bien lejos, donde no pueda joderle a uno la vida!
Apagan la luz. Alguien (un peregrino italiano) remienda la camisa a la luz de una linterna.
Buenas noches